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Qué pedir en un restaurante belga si es tu primera vez

Por el equipo de MytilusActualizado el 3 de julio de 20263 min de lectura

Si es tu primera vez en un restaurante belga, pide mejillones. Moules-frites: una olla humeante de mejillones al vapor y un cucurucho de patatas fritas al lado. Es el plato con el que cena media Bélgica un viernes por la noche, y es el mejor punto de partida que existe. A partir de ahí la carta belga tiene una lógica propia —cerveza dentro de la cocina, salsas que probablemente no conozcas y una relación con la patata frita que los belgas se toman muy en serio—. Esto es lo que conviene saber antes de sentarte.

Empieza por los mejillones: moules-frites

El plato nacional de Bélgica es sencillo de entender y difícil de olvidar. Los mejillones llegan al vapor en una cazuela con tapa, y al abrirla sube una nube de vapor con olor a vino blanco, apio y mar. Las dos preparaciones que verás casi siempre son la marinière —al vino blanco con chalota, apio y perejil— y la que se hace à la bière, con cerveza de abadía, cebolla y hierbas. La primera es más limpia y fresca; la segunda, un poco más redonda y tostada.

Se comen con las manos: coge la primera concha vacía y úsala como pinza para sacar el resto. Las patatas fritas van al lado para mojarlas en el caldo, y ese caldo del fondo —el mejor bocado de todos— se rebaña con pan. Si dudas entre las dos versiones, la marinière es la elección segura para empezar.

¿Qué es el filet américain?

Es la sorpresa habitual de la carta belga. A pesar del nombre, no lleva ni pan de hamburguesa ni plancha: es carne de vacuno cruda, picada muy fina y sazonada, servida con patatas o pan tostado. En Bélgica es tan cotidiano como aquí un pincho de tortilla. Si te gusta el steak tartar, te va a encantar; si la carne cruda no es lo tuyo, ya sabes qué evitar.

Más allá de los mejillones: los clásicos

Cuando quieras ir más allá, la cocina belga tiene una despensa de invierno estupenda. La carbonnade flamande es un estofado de ternera cocinado lentamente en cerveza tostada de abadía, con un fondo dulce y profundo. El waterzooi es más suave: un guiso cremoso de pollo o pescado con verduras, casi una sopa espesa. Y las croquetas de gamba gris —pequeñas, crujientes por fuera y fundentes por dentro— son uno de esos aperitivos que piden una segunda ración antes de terminar la primera.

Las patatas fritas, en serio

En Bélgica la patata frita no es una guarnición de relleno. Se fríe dos veces para que quede crujiente por fuera y tierna por dentro, se corta gruesa y se acompaña de mayonesa, no de kétchup. Puede sonar a detalle menor, pero es una de esas cosas en las que se nota enseguida si un sitio belga se lo toma en serio.

Con qué acompañarlo

La cocina belga se piensa junto a la cerveza, no al margen de ella. Con unos mejillones marinière, una rubia de abadía o una tripel funcionan muy bien: tienen cuerpo suficiente para el marisco sin taparlo. Con los guisos, una cerveza tostada tipo dubbel acompaña el mismo registro dulce del plato. Si prefieres no beber cerveza, no pasa nada: la idea es que la mesa case, no seguir una regla.

Cómo pedir sin equivocarte la primera vez

Un plan sencillo: unos mejillones marinière para compartir o de plato principal, patatas al lado, y una cerveza rubia belga para acompañar. Pregunta por los mejillones del día —el punto óptimo de temporada va, tradicionalmente, del final del verano a la primavera— y deja sitio para una croqueta de gamba de entrante. Con eso te llevas una primera imagen muy fiel de lo que es comer belga.

Cuando lo tengas decidido, échale un vistazo a la carta y ven a probarlo.

Preguntas frecuentes

¿Qué es el filet américain?

Es el steak tartar a la belga: carne de vacuno cruda, picada fina y sazonada, normalmente con yema de huevo, alcaparras y cebolla, servida con pan tostado o patatas fritas. No lleva cocción. Es un clásico de bistró en Bélgica y una buena elección si te gusta la carne cruda; si no, mejor empieza por los mejillones.

¿Cómo se comen las moules-frites?

Usa la primera concha vacía como una pinza para sacar el resto de mejillones: es el gesto con el que come todo el mundo en Bélgica y funciona mucho mejor que el tenedor. Las patatas van al lado, no dentro de la olla, y el caldo del fondo se toma con pan o con cuchara. No hace falta acabártelo todo con elegancia; es un plato para disfrutar sin prisa.

¿Es pesada la cocina belga?

Depende de lo que pidas. Los mejillones al vapor son ligeros: marisco, caldo y poco más. Los guisos como la carbonnade flamande, en cambio, son contundentes porque se cocinan despacio con cerveza. Un buen plan para la primera vez es empezar por unos mejillones y dejar los guisos para cuando quieras algo más de invierno.

¿Hay opciones vegetarianas en la cocina belga?

La cocina belga tradicional gira mucho en torno al marisco y la carne, así que la oferta vegetariana es más limitada que en otras cocinas. Aun así, suele haber croquetas de queso, ensaladas y guarniciones como las propias patatas fritas belgas. Si vienes en grupo con comensales vegetarianos, lo mejor es avisarnos al reservar por WhatsApp y lo organizamos.